martes, 22 de julio de 2008

ABSQUE NOMEN

Hoy, una entrevista de Juan José Mateo en el país.com empezaba del siguiente modo;

Pregunta. ¿Cómo es correr 100 metros en 9,74s?
Respuesta. Mire, la primera vez que corrí así de rápido creí que mi cuerpo había muerto. No estaba habituado a ese tipo de sufrimiento. Sentí mucho dolor después. Recuerdo que me costó dos semanas recuperarme de aquella carrera. Mi cuerpo murió completamente.


A mi abuelo lo enterramos ayer, no se si un cuerpo muere, por que cuando leo las noticias sobre la detención de Karadzic las imágenes que van asociadas son la de cuerpos, amontonados, irreconocibles.
El cuerpo y mente.
Tal vez la manera de entender estos términos que tan inmutables parecen, no lo sean tanto.


Desde las diferentes concepciones de la physis entre los mismos griegos y con la evolución sufrida hasta la mas metafísica de aristoteles.
Ni Kafka ni cualquier otra ideografía japonesa me han transmitido un shock tan grande como las palabras de este corredor, que habla de una experiencia viva, redefine el concepto físico de lo terrenal y le da un carácter cotidiano y cercano que tan pocas veces se percibe. Lo plasma ante nosotros. En un acontecimiento como el de las olimpiadas, pensar que se va a observar el paso de la vida a la muerte es algo que algo que inquieta.


Pero esto es difícil de ver, tras muchas competiciones vistas y algunas realizadas no había percibido esta sensación nunca, sí claro, cuando hacia mis carreras de pequeño , recuerdo que en el sprint final no notas las piernas; simplemente percibes que sus movimientos son como las de una batidora que funciona independiente de tu cuerpo y con una energía que no conoces.


Por lo tanto se ven cuerpos si saber que están muertos. La asociación de un cuerpo en movimiento a la vida es algo innato y uno no se questiona su disociación. Asafa ha quebrado esta concepción ideologica y tal vez en la final de los cien metros lo mas conveniente sea , al menos para los católicos , santiguarse.


Es algo inverosímil o puede parecerlo, el hecho es que tras la misa y mientras el cuerpo de mi abuelo era trasladado al cementerio, tras de sí, íbamos en el coche mis padres mi abuela y yo. Todo el viaje en silencio y un recorrido que muchas veces había observado desde la perspectiva exterior y siempre tratando de ponerme en la piel de los otros pero esto es realmente imposible.


Pero no ayer, allí estaba yo en el asiento de atrás y a través del cristal trataba de buscarme a mi mismo, de situarme en alguna persona que estuviera como tantas veces habia estado yo mirando, pero todo era real y alli en el asiento de atras.

Entre la gente que paseaba por la avenida Jaume I hubo una persona , un hombre joven , con camisa blanca y pantalones de tela marrón claro, melena por los hombros y gafas de sol, pero claras, que nada más ser adelantado por el coche fúnebre, y casi de modo instantáneo , tal vez de manera tan rápida que las zancadas de asafa powel, se llevo las manos a la frente y se santiguó, en el movimiento de su expresión fui incapaz de leer las palabras que salian del movimiento de sus labios.

De la cercanía de las palabras y vida de Asafa y del gesto distante de reconocible muerte a la que esta persona anónima percibió,

de estas distancias, y de un recuerdo quería hablar hoy

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